NOSOTROS

Somos Rebeca Fuentes, Jose Valle y la pequeña Noa quien nació en 2014, el pequeño terremoto, una explosión de energía en un pequeño cuerpecillo, una lengua que no descansa nunca y todo lo pregunta, todo lo quiere saber. Una mente inquieta que demanda mucha mucha atención, pero ¡rebosa vitalidad!

Sin duda, ella ha sido un antes y un después en mi vida, en mi forma de pensar y de sentir, dio un giro de 360º a la idea preconcebida que tenía de la maternidad. Me llevé un bofetón de hormonas y una sobre dosis de Maternidad Real, de las buenas, de esas veces en las que la realidad supera a la ficción...

Me encontré con un parto muy distinto al que había idealizado TIPICAZO, unos primeros días totalmente caóticos, sin una baja por paternidad y SOLA, sola con un perro, un gato y mis hormonas, algo de lo que te hablan poco... muy poco en los cursos de preparación al parto. 

Nuestros inicios con la lactancia no fueron nada sencillos... un mal agarre, grietas, pezones sangrando, un dolor insoportable, un bebé que no deja de llorar y no se engancha, llegan las dudas ¿podré realmente? hasta ese momento no existía para mí otra opción que no fuese lactar a mi bebé. Era para lo que la naturaleza nos había "programado"  ¿Cómo podría no ser posible algo que parecía tan sencillo? 

Pasan las semanas, comienzas a ver a familiares y amistades (sintiendo en muchas ocasiones que algo no resonaba conmigo) 

"Déjala llorar que no le pasa nada" 

"Así ensanchará los pulmones" 

"Si la duermes al pecho la vas a mal acostumbrar, lo querrá siempre" 

"Ponla en la cuna, que se duerma sola o lo vas a lamentar" 

"El pecho cuando le toque, eso de darle cada vez que llore NO"

y un laaaaaargo etc que me rechinaba cada vez que lo escuchaba. Era mi bebé, casi 42 semanas deseando verle la cara, imaginando cómo sería, enamorándome de cada uno de sus movimientos en mi barriga. Fueron largos años de espera para lograr ver esas ansiadas dos rayitas. Sentía que AHORA era mi momento, esa pequeña criaturita acababa de abrirse camino a través de mi cuerpo no sin esfuerzo, sudor y lágrimas. Mi pecho decía que NO es una opción que esté de mano en mano y no con su mamá, NO es una opción escucharla llorar si YO ESTOY AQUÍ, si hemos decidido que esté en este mundo, no va a ser para sufrir desde su primer día de vida.NO

No sabía en ese preciso momento qué "tipo de madre sería" pero sí tenía una sola cosa clara, "lo que NO sería" y lo que no sería era una madre despegada, no sería nunca más esa mujer que no sabía decir NO, pues ya llevaba bastantes años viviendo sin la autoestima suficiente como para hacerlo. Resulta que AHORA había algo más fuerte que la razón, mis HORMONAS y mi mente había decidido hacerles más caso a ellas. 


Cambios importantes en nuestras vidas para cumplir un sueño...

Decidimos que yo renunciaría a mi profesión porque deseaba no perderme ni un minuto del crecimiento de mi bebé. Sólo sería chiquita una vez, no habría vuelta atrás. Por lo que haríamos los ajustes que fueran necesarios para hacer realidad ese sueño, educar en casa, desde el amor, desde la consciencia.

" Cuando comprendes que lo que la infancia necesita es menos material y más contacto físico, visual, empatía y calor humano. Es cuando comienzas a cambiar el mundo con un gesto de amor"

Rebeca Fuentes

Pedagogías creadas desde el Afecto

Resulta que con el paso del tiempo vas conociendo gente, leyendo artículos, sabiendo un poco más en qué línea van dirigiéndose tus pasos, pedagogías más cercanas a lo que te hace sentir bien, algo que resuena más contigo y tu forma de MATERNAR. Me enamoré de las palabras de María Montessori, una adelantada a su tiempo, sin duda. Su forma de educar, su forma de pensar en cuanto a lo que la crianza debía suponer. El desarrollo y la infancia deben ser muy bonitos. Todos deberíamos tener lindos recuerdos de nuestras infancia... pero por desgracia en muchas ocasiones no es así.

Descubrimos el porteo casi por casualidad, como buena embarazada primeriza, quieres que a tu bebé no le falte de NADA, pero lo que no sabes es que, cuando te vuelves loca a comprar cosas, habrán muchas que no utilizarás jamás, muchas son inútiles, nada más que trastos ocupando espacio en "la habitación del bebé" sí, esa habitación que con tanto esmero decoraste con tonos relajantes y pensaste en todo lo que podrías necesitar tener a mano....esa, esa, la que no usa porque después de dos años, por supervivencia, ¡continúas colechando!

Yo también llevé una "cosa" de estas por desconocimiento, me parecía una opción ideal para sacar al perro (Tenemos un Dálmata bastante grande) por lo que la lógica me decía que en el carro no iba a ser una buena idea. Me sorprendía lo MAL que había quedado mi espalda tras el parto, ya que casi no podía portear a un bebé de bajo peso... un desastre para mi autoestima. Hasta que, casi como por arte de magia, apareció un día en el Centro de Salud del pueblo mi matrona, una mujer encantadora a la que difícilmente se le olvida... pues es de esas personas que son capaces de llegar a lo más profundo de las personas. Es una persona bonita. Con toda su delicadeza me dijo: - Rebeca, ese portabebé no es lo más adecuado para tu bebé. ¿Porqué no buscas algo ergonómico? como un fular, por ejemplo... Yo, con mis hormonas por las nubes, escuché algo así como : - Mala madre, ¡saca a tu bebé de ahí que la vas a matar!

Me puse a investigar qué caraj* era un fular, no tenía ni idea de ergonomía, de fisionomía del bebé, de lo que era una cadera bien colocada... Sólo había notado que ninguna de las dos estaba cómoda del todo, pero a pesar de ello, mi bebé se quedaba dormida cerca de mamá. Estaba claro que era lo que necesitaba.

Porteo intensivo, porteo y pecho, pecho y porteo... así eran nuestros días y noches. Un bucle de pecho y porteo. Por eso, nueve años después de esta foto, sigo diciendo que el porteo me salvó la vida. Porque fue el ingrediente que nos faltaba, la opción más correcta para el apego, para esa necesidad que teníamos ambas de estar cerca la una de la otra. Fue redescubrir la maternidad, empezar a disfrutar de verdad de ese tiempo de calidad, a no verme consumida en esa vorágine de lactancia, pañales, falta de sueño y mi casa siempre a medias... me dio libertad. 

Cuando el fular nos quedó pequeño, aún lo seguíamos utilizando, aunque tenía un rebote tremendo y daba un calor increíble, pero nos gustaba tanto, que no me veía sin él. Nos prestaron una mochila para "probar" ver si podría ir a trabajar con mi inseparable ahí, porque ella detestaba quedarse con cualquiera que no fuera su mamá...

Cansada, ojerosa y pálida, pero siempre con mi pegatina a cuestas. Aprendimos a colocarnos a la espalda, por tamaño ya se llevaba mejor. A estas alturas (unos dos años y medio) mi pequeña intensa, aún se despertaba una media de 25 veces en la noche... mi frase era: - Me acuesto cansada, pero me levanto AGOTADAEra matador ese ritmo, dormía por puro agotamiento. El sueño es algo evolutivo dicen... ya, pero es que yo a estas alturas no veía la luz al final del túnel. 
Esta mochila nos duro "poco" aunque nunca estaré lo suficientemente agradecida a la familia que me la prestó hasta que la necesitó de nuevo. Y... este fue el comienzo de algo precioso, porque
"TODO pasa por ALGO" resulta que ante mi agobio de tener que devolverla, sentía que estaba perdiendo la oportunidad de hacerme yo una para nosotras, ya que nuestro momento económico no era el mejor en esa época, no me podía permitir comprarme una, se me salía totalmente de presupuesto. Así que, tras diez largos días, cientos de  tutoriales de YouTube y mucha investigación para conseguir las piezas necesarias...

¡hice mi primer prototipo!

Me hice un selfie con el típico chándal cómodo pero horrible que usas para estar por casa y tuve la osadía de subir la foto a un grupo de madres... Cuál fue mi sorpresa que varias personas me preguntaron que "Cuánto costaba" y yo¡¡ flipando!! que la ¡¡acabo de terminar! que yo no tengo ni idea de costura y ¡¡he logrado que mi nena no se caiga!!!

MAGIA

Así NACIÓ Úpame®

Con el firme deseo de lograr trabajar desde casa ambos, para poder conciliar de VERDAD, para poder disfrutar de su infancia, de las fiestas del cole, de paseos en las tardes, de las vacaciones escolares cuando no se tiene abuelos... porque siempre tuvimos algo CLARO, queríamos ESTAR de verdad. 

No somos perfectos, ni mucho menos, creo firmemente que

"la perfección es una utopía a la que se persigue sin descanso, para llegar a ninguna parte"

Pero una cosa sí que tengo muy CLARA

           " Las consultas de psicología están llenas de almas vacías, de infancias rotas e ilusiones truncadas. De padres y madres ausentes por sus obligaciones o porque así sentían que debía ser... pero desde luego NO conozco a NADIE que acuda a terapia por tener exceso de amor"


- Esto... mire doctor, es que estoy confundido... mis padres siempre me dieron amor, me acompañaron emocionalmente y me ayudaron a crecer como un adulto responsable e íntegro... pero por ahí decían que así no era. Que debían dejarme llorar en mi cuna hasta que me durmiera solito, aprendiendo así que NUNCA iban a estar cuando les necesitase. No entiendo nada doctor... ¿no es que se supone que los papás están para proteger a las criaturas?

Compaginando trabajo y maternidad, cuidados y amor

Desde aquel primer pedido que marchó a Castellón, no ha sido un camino de rosas, han habido altibajos, como en todas las empresas, ganas de desistir, de tirar la toalla, euforia por una gran acogida unos meses buenos... un poco de todo, pero todas las experiencias de la vida te hacen llegar a donde te encuentras ahora. Tanto las positivas como las que no lo son tanto... Aprovecha cada momento